Jueves, 27 de abril de 2017|

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Reseña del libro: "Los perseguidos. La guerrilla libertaria cordobesa de Los Jubiles"

Los perseguidos. La guerrilla libertaria cordobesa de Los Jubiles Autor: José Moreno Salazar

Ed. La Torre Literaria y Asociación Archivo, Guerra y Exilio, AGE
Madrid, 2011, 326 págs. Numerosas ilustraciones.
PVP: 18 € iva incluido
Pedidos a Latorre Literaria. C/ Boca Alta, naves 8 y 9, Polígono El Malvar. Arganda del Rey, Madrid

Esta es la historia de un hombre que anduvo en la guerrilla anarquista en Andalucía hasta que todo su grupo fue aniquilado por la guardia civil. Sobrevivió malherido, y desde entonces hubo de llevar una vida de huido durante toda la Dictadura franquista. Nunca dejó de ser un verdadero luchador libertario, pero a través de una vida clandestina y la necesidad le obligó a vivir retirado muchas veces sin poder seguir participando de una lucha directa que la organización ya no podía mantener.

Su nombre fue José Moreno Salazar, y falleció el pasado 2007 a los 84 años de edad. Había nacido en Bujalance, Córdoba en 1923. Era el tercero de los siete hijos de una familia de braceros del campo. Se crió en el seno de unas gentes y un pueblo de larga y sólida tradición libertaria. Vivió la guerra en Córdoba y Jaén como refugiado en condiciones durísimas.

Durante la guerra el pueblo estuvo gobernado, hasta su ocupación por las tropas franquistas, por un Comité del Frente Popular organizado por militantes de la CNT. El principal dirigente político del municipio era Francisco Rodríguez Muñoz que presidió el comité local, luego fue comandante de la 88 Brigada Mixta del Ejército Popular, y acabó la guerra al mando de la 38 División. Junto a él destacarían después en la resistencia sus dos hermanos Juan y Sebastián. Tras la guerra y con 14 años, José Moreno Salazar formó parte de la red de enlaces que intentaba sostener a los milicianos huidos que mantenían la lucha guerrillera en la campiña y la sierra cercanas a Bujalance, Montoro, y un amplio territorio entre las provincias de Córdoba y Jaén. Prácticamente toda la familia, y hasta una mayoría de vecinos, colaboraba activamente con la guerrilla.

Tras la derrota, la represión llevó a la cárcel al padre de José Moreno Salazar, luego fueron detenidos sus hermanos Antonio y Francisco, y también su madre, y ferozmente torturados hasta dejar inválido para toda su vida a Antonio, que fue condenado a 20 años de cárcel que hubo de cumplir en Burgos casi en su totalidad. El padre fue condenado a 12 años y trasladado al penal de Vitoria. El grupo de resistentes en la sierra llegó a contar con unos catorce combatientes, todos de filiación anarquista, dirigido por los hermanos Rodríguez. La red de enlaces en los diferentes pueblos y cortijos abarcaba a cientos de vecinos.

La serie de detenciones y torturas sobre la familia siguió hasta el punto de que él mismo hubo de huir a la sierra a unirse al grupo guerrillero en 1941. En el pueblo se había fusilado en ese periodo de posguerra a numerosos conocidos y amigos de José Salazar, algunos en su presencia. Él había sufrido dos detenciones más que le costaron tremendas palizas por parte de la Guardia Civil.

Durante dos años permaneció en la resistencia armada en el monte participando de numerosas acciones en diferentes pueblos y caseríos, entre las que se encuentran choques con fuerzas de la Guardia Civil que fueron mermando la capacidad de resistencia del grupo.

Al final esta guerrilla fue aniquilada en el caserío de Mojapiés, provincia de Córdoba, en enero de 1944, por la delación de un chivato de la Guardia Civil infiltrado.

Sólo hubo dos supervivientes, un compañero que estaba lejos de la zona en ese momento y al que haría preso la guardia civil poco después y que sería torturado y fusilado al poco tiempo, y él mismo.

Tras durísimos interrogatorios pasó José Moreno a la cárcel de Córdoba en espera de juicio. Sabiendo que le pedirían varias penas de muerte, consiguió evadirse en diciembre de aquel año.

Tras la evasión consiguió llegar, primero a Manzanares, en la provincia de Ciudad Real, donde permaneció refugiado en casa de compañeros de la organización en la clandestinidad, y luego a Madrid.

En Madrid trabajó de peón de albañil en diferentes obras en situación muy precaria, en contacto con la organización que estaba casi totalmente desarticulada y sin medios de supervivencia, hasta que acosado por la Guardia Civil hubo de volver a huir, esta vez hacia Valencia.

Al cabo de agotadoras peripecias y huidas se instaló en Algemesí, provincia de Valencia, en 1945, donde se dedicó a todo tipo de trabajos y consiguió sobrevivir gracias al estraperlo de arroz de acuerdo con algunos compañeros de la zona.

Nuevamente huido para no ser reconocido, trabajó en el campo en Cataluña y Aragón y acabó instalándose en Barcelona con un negocio de venta de fruta en el barrio chino, de donde hubo nuevamente de huir ante la posibilidad de ser descubierto por los numerosos hijos de Bujalance, Montoro, Bailén, y otros lugares próximos a su lugar de nacimiento y actividades clandestinas, que se habían instalado en la ciudad y amenazaban con acabar reconociéndole.

En 1949, la Guardia Civil de Córdoba mató a un guerrillero solitario que quedaba en el monte. No sabiendo quien era y estando sumamente desfigurado el cadáver certifican la muerte de José Moreno, y dan la noticia a la prensa local. A partir de ese momento José Moreno deja de ser buscado, pero no puede dejarse ver por nadie que le hubiera conocido sin peligro de echar abajo toda su estrategia de huido.

Consiguió comprar documentación falsificada a nombre de Antonio Pérez Sánchez y con ella se instaló nuevamente en pueblos de Valencia donde trabajó en todo tipo de faenas y llegó a casarse, tuvo hijos, que nunca llevaron, ni siquiera en la actualidad, sus verdaderos apellidos, pero al cabo de los años se hubo de trasladar nuevamente a lugares más escondidos donde nadie pudiera conocerle. Se acabó refugiando en unos pueblos de la zona de Cuenca donde trabajó irónicamente vendiendo seguros de defunción.

Años después de la llegada de la democracia consiguió documentación real a su verdadero nombre, y siguió trabajando en Osa de la Vega como agente de seguros hasta su jubilación. No percibió ningún apoyo del Estado, ni económicamente, ni de ningún otro tipo, por sus años de guerrillero, de cárcel o de huido sin posibilidades de trabajo formal. Vivió con su mujer con una pensión mínima y falleció en casa de su hija en el año 2007.

En 1954 recogió en una libreta, que escondía cuidadosamente, su memoria de la vida de guerrillero y de huido. Años después pasó a máquina sus apuntes y en 1982 añadió un colofón con lo más significativo de esos últimos años, además de corregir y aumentar el texto.

Este es el documento del que disponemos en la actualidad, acompañado de un buen número de fotografías de su familia en los años de la resistencia. Es un relato impresionante de su vida, incluyendo una continua descripción de aquellos años de hambre y represión violenta puesta en primera persona por un hombre muy lúcido que nunca perdió sus ideales anarquistas y que hubo de desenvolverse en condiciones extremas para sobrevivir.

Recientemente el excelente historiador cordobés Ignacio Muñiz consiguió localizar en la Capitanía General de Sevilla el legajo con el Consejo de Guerra al que fueron sometidos tanto José Moreno como casi un centenar de vecinos del pueblo tras la desarticulación y muerte de todos los guerrilleros a excepción de él y el otro que fue preso en lugar muy alejado y fusilado. La lectura del Consejo de Guerra con las declaraciones de todos los detenidos a la guardia civil y a los jueces militares, establecieron con absoluta claridad que estas memorias son totalmente verídicas, y que José Moreno contó en ellas las cosas exactamente como, por desgracia, brutalmente ocurrieron.