Domingo, 25 de junio de 2017|

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Reseña del libro: 30 años de lucha. Manuel Pérez

30 años de lucha. Mi actuación como militante de la CNT y anarquista español.

Autor: Manuel Pérez
Editor: Fundación Isaac Puente, 2012
570 págs. 25 euros

En blanco y negro, Manuel Pérez.

Sesenta años han esperado en los cajones estas memorias, a punto en varias ocasiones de ver la luz en negro sobre blanco. En marzo de 1951 termina de escribirlas su autor, a los 64 años, estando en Brasil, y –cosa curiosa– nos resulta un relato tan próximo, tan caliente, tan válido y tan valioso que bien puede decirse que no ha perdido un ápice de actualidad porque habla de lo esencial del ser humano: la dignidad. Habla de destruir, con la palanca poderosa de la libertad, las tinieblas de una situación opresiva a base de audacia y heroísmo. Sesenta años ‒decimos‒ y es la Asociación Isaac Puente de Vitoria la que ha corrido con la tarea de llevar a cabo el deseo de Manuel Pérez al escribirlas. No ha sido en vano esta responsabilidad, pues Fermín Escribano le ha confeccionado una presentación y unas notas que ayudan a comprender ampliamente la época de que hablan sus páginas. Tan extensamente que ocupan las últimas cien.

La Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales, dirigida por David L. Sills, en la edición de 1969, con dirección y prólogo de Vicente Cervera a la edición española, la cual lleva a cabo en once volúmenes, entre 1974-1977, Manuel Aguilar (editor que trabajó en su juventud en una escuela racionalista, pero que, en sus memorias, denosta el anarquismo porque durante la guerra es perseguido y le incautan su negocio editorial en Madrid). La Enciclopedia Internacional de las Ciencias Sociales ‒decimos‒ en sus más de nueve mil páginas apenas se ocupa de figuras españolas (las únicas que merecen su atención son las de los filósofos Francisco Suárez y José Ortega y Gasset) y, sin embargo, dedica unos notables párrafos al sindicalismo español (vol. 9, pág. 642), en los que afirma que en España prácticamente solo ha existido anarcosindicalismo hasta 1940, siendo CNT la «más poderosa y más militante central sindicalista que haya funcionado en cualquier lugar»; insistiendo en la autonomía local, «llevó la lucha de clases y la huelga general, en el ámbito regional y nacional, hasta el heroísmo, si bien casi siempre sus sangrientos levantamientos fueron aplastados». Llegado julio de 1936, en incauta de fábricas, realizando el «intento más importante que nunca se haya hecho de poner en práctica las ideas sindicalistas», cercenado a partir de mayo de 1937 por el comunismo.

¿Por qué sucede esto? Porque es una historia colectiva en la que se suman voluntades como la de Manuel Pérez Fernández (1887-1964), nacido en España y emigrado a Brasil con su familia, allí se sumerge en las ideas anarquistas y comienza su labor organizadora en los sindicatos de la madera, pues por oficio tiene el de ebanista. En 1919 le sucede algo muy común: es detenido en Río de Janeiro y repatriado. Resulta común porque la corriente migratoria que se da desde España hacia América a finales del siglo XIX y principios del XX, tiene su contrapartida en las numerosas repatriaciones que gotean en el primer tercio del siglo veinte, especialmente en épocas de disturbios sociales en las que las autoridades quieren deshacerse de los elementos perturbadores, según los conciben ellas. Apoyadas en la argumentación de que no forman parte de la comunidad autóctona y, sobre todo, que no tienen intenciones de amoldarse a la construcción de la gran patria, elaboran leyes de excepción en la que los anarquistas son borrados de los diversos suelos, y son expulsados de Argentina, Uruguay, Brasil, Cuba, etc. Ya en 1902 se procede así con Julio Camba y otros (cuyo texto El destierro aconsejamos encarecidamente para quien desee una amena e instructiva lectura).

Manuel Pérez sale de la sartén y cae en las brasas: es encarcelado en Vigo, pasando a Madrid y, después, a Sevilla, siempre a cuenta del Estado, por las ergástulas. En Andalucía pasa sus primeros años en España, con cuerda de presos hasta Cabezas Rubias (Huelva) incluida, donde conoce a Teresa, la que es su primera compañera y madre de sus hijas, la primera de las cuales ‒Aurora‒ nace estando en él en la Pajarera de la cárcel de Sevilla, vulgo Pópolo, el 12 de marzo de 1924. En este tiempo, también, se completa el perfil del militante Manuel: escribe en periódicos libertarios y pronuncia mítines. Organizador, periodista y orador. La Dictadura de Primo de Rivera los empuja a Portugal, donde se reincorpora a la lucha en Lisboa, y el régimen portugués a Francia, donde es notoria su colaboración con la obra en torno a Librería y Revista Internacional, montada con dinero entregado por los Solidarios. En estos andares suelta y coge amistades, conoce la solidaridad, pasa de soslayo la miseria humana, coincidiendo con personas a las que aprecia, en especial al doctor Pedro Vallina, con quien colabora en las distintas experiencias de clínicas que monta.

En Marsella se completa la familia con el nacimiento de Teresita ‒que sigue a Carmen‒, con la desgracia de que la madre queda gravemente enferma. Ello le obliga a atender a las niñas, además de trabajar, contando siempre con ayuda solidaria. La situación les hace regresar a España, a Huelva, donde finalmente muere su compañera (mientras de nuevo está en la cárcel).

Escribe José Villaverde, en octubre de 1930, cuando pasa de dirigir el vigués ¡Despertad! a hacerlo con la Solidaridad Obrera coruñesa, que es un movilizado. Y eso es lo que le ocurre a Manuel Pérez en los años republicanos dentro de CNT, pues se mueve desde San Sebastián a Santa Cruz de Tenerife a instancias de la organización confederal, en las máximas responsabilidades organizativas, consiguiendo resultados admirables. La misma suerte acarrea en la revolución y guerra de 1936 a 1939, que inicia en Mallorca, donde protagoniza sucesos trágicos ‒de ahí su folleto Cuatro meses de barbarie (1937), reditado por El Moixet Demagog en 2009‒. Conoce, entonces, la labor constructiva de la organización a la que tantos años había dedicado sus esfuerzos. Y la labor destructora: la interior y la exterior (principalmente la comunista). Después de estar al frente del Comité Regional andaluz, termina en el puerto de Alicante, embudo del que muy poca gente logra escapar.

Los contactos con la embajada de Brasil, país del que continúa siendo ciudadano, le libran de las cárceles franquistas y de una muerte casi segura, regresando con la familia a la rua Invalidos, 131, de Río de Janeiro en julio de 1941, al encuentro de su anciano padre y su hermana. Las personas sensibles al sufrimiento y la injusticia aparecen en todas las esquinas. En el país americano ya no existe aquel pujante movimiento libertario que dejara en 1919; el partido comunista había realizado su labor de zapa, y la reacción obrado en la actividad represiva.

No son muchas las historias que tenemos de anarquistas españoles afincados en Brasil. Por ello, no olvidamos ese Entre el rubor de las auroras (Ed. Idea), basado en las memorias de Joao Perdigao Gutiérrez (Juan Perdigón). O las noticias que nos da Edgar Rodrigues sobre los amores imposibles de Manuel Moscoso, terminados en el abismo del suicidio. O las de Florentino de Carvalho (Primitivo Suárez), el policía que se convierte al leer La conquista del pan.

A los 64 años‒ decimos‒ se escribe este relato, pensado, mezclado con esas gotas de vida personal que le proporcionan nexo con la cotidianidad. No está exento de recursos literarios, de ese comienzo in media res, de la secuenciación que aligera la tragedia y, con ello, el cansancio que hubiera producido en quien lo lee.

Difícil hallar páginas tan vivas.

Ignacio C. Soriano Jiménez