Martes, 11 de diciembre de 2018|

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Nacionalistas catalanes contra anarquistas. Recuperando la historia

Nos parece importante recuperar lo que es el nacionalismo, no solo el españolista que hemos sufrido durante cuarenta años y otros cuarenta de propina que llevamos. Tenemos otros nacionalismo que llevan dominando la politica y el poder durante cuarenta años, el vasco y catalán. Dominado por la derecha ultra católica. El jefe vasco un jesuita y el de la izquierda catalana de misa diaria y pelegrinando a Roma. No hablamos de los llamados nacionalismos de izquierdas porque eso van de comparsas o mamporreros. EL INTERNACIONALISMO PROLETARIO FRENTE AL CAPITALISMO MULDIALISTA ES LA UNICA ALTERNATIVA, lo demás son maniobras de distración que duran ya cuarenta años.

Recomendamos la lectura de este libro de Ediciones Descontrol que nos invita a reflexionar.

Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña (1936-1937), publicado por Ediciones Descontrol, 2018

Los historiadores mienten. Leyenda es la narración de sucesos fabulosos que se transmite por tradición como históricos y reales. Los archivos son los lugares donde se custodian documentos, mimbres con los cuales se construye la historia como un relato fidedigno y riguroso del pasado. Antonio Martín Escudero, mal llamado “el Cojo de Málaga”, no fue un asesino en serie, ni un ladrón, como explica la Historia Sagrada de la burguesía; sino un destacado militante anarquista, que merecería ser conocido como “el durruti de la Cerdaña”. Durante nueve meses se desarrolló en la Cerdaña una profunda experiencia libertaria, que se materializó en Puigcerdá con la aplicación de medidas novedosas en cuestiones tan diversas como cooperativismo, moneda, orden público, milicias, enseñanza, cultura, obras públicas, igualdad salarial, liberación de la mujer y economía. Antonio Martín y la CNT-FAI de la Cerdaña ejercieron un disciplinado y eficaz control policiaco de la frontera, que impedía el contrabando de armas, dinero y ganado, la salida de curas y derechistas, así como la entrada de voluntarios de las Brigadas Internacionales. Ese completo dominio aduanero financiaba y facilitaba la compra de armas, destinada a las unidades confederales del frente de Aragón y a la retaguardia revolucionaria, perjudicando los intereses y las finanzas de ERC, EC y PSUC-UGT. Ese fue el motivo principal del asesinato de Martín. Se documenta la creación en Cataluña, tras el fracaso de la insurrección armada de Octubre de 1934, de un nuevo partido político y guardia cívica españolista, denominado Agrupación Ciudadana, que ejerció una dura represión contra los insurrectos nacionalistas de 1934, además del desempeño de las tareas de la administración local en las diversas localidades donde alcaldes y concejales habían sido represaliados. Así es como se produjo, tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, el cambio de tornas: los catalanistas reprimidos desde octubre de 1934 y durante todo el año de 1935, pasaban a ser en 1936 los represores de los españolistas derechistas. Importante logro del libro, que por sí sólo justifica su publicación, reside en desvelar la existencia de la llamada “lista negra” de Puigcerdá; lista que seleccionó a las víctimas de la matanza del 9 de septiembre de 1936. Masacre fruto de la venganza de los reprimidos en octubre de 1934. Se documenta que la lista no fue redactada por los anarquistas, sino por los nacionalistas de ERC. Se recupera el testimonio escrito de un personaje que estuvo a punto de perecer en el puente de Bellver, minutos antes que Antonio Martín cayera en la emboscada que le tendieron para asesinarle. Ese testimonio prueba, sin lugar a dudas, que la emboscada estaba preparada de antemano. En junio de 1937 se inició, en la Cerdaña y en toda Cataluña, una brutal represión contra el POUM y los sectores revolucionarios de la CNT, que demonizaba y difamaba el carácter y naturaleza de los revolucionarios. Era la primera vez en la historia en la que se planteaba una campaña de falacias, infamias y calumnias como sustitución de la realidad social e histórica, de la que posteriormente la sagrada historiografía de la burguesía se ha hecho cómplice y heredera. Como escribía Orwell en su novela 1984: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”. La historia es un combate más de la guerra de clases en curso. A la historia de la burguesía oponemos la historia revolucionaria del proletariado. A las mentiras se las derrota con la verdad; a los mitos y a la leyenda negra con los archivos.

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Antonio Gascón y Agustín Guillamón han decidido unir fuerzas, con el objetivo de acabar de una vez por todas con las leyendas y los mitos que todavía hoy, de forma interesada, siguen circulando en torno a Antonio Martín y los hechos de Bellver. Más aún cuando los archivos, tanto catalanes como foráneos, y los testimonios recogidos, desmentían la leyenda nacionalista y antilibertaria de la Cerdaña. Leyenda fomentada en diversas revistas o en diferentes webs, tanto aquí como al otro lado de la frontera, y que últimamente ha sacralizado el propio Memorial Democràtic en Bellver, con sus correspondientes paneles informativo-turísticos, al servicio de una versión sesgada, financiados con el dinero de todos los ciudadanos de Cataluña. Otra razón que nos ha movido a escribir este libro ha sido el descubrimiento de numerosos documentos que, hasta la fecha, nadie se había molestado en consultar; un material que abarca desde 1934 hasta junio de 1937. Destacan los juicios sumarísimos incoados en Puigcerdá después de la sublevación de octubre de 1934, que afectaron a muchos vecinos de la comarca, y que explican la violencia desencadenada en esa villa al inicio de la guerra civil, así como la matanza del 9 de septiembre de 1936. Otra cuestión documentada en este libro, ignorada hasta hoy por la historiografía, es la creación en Cataluña, tras los Hechos de Octubre de 1934, por orden directa del general Batet, capitán general de la cuarta región militar, de un nuevo partido político y guardia cívica españolista, denominada Agrupación Ciudadana, que sustituyó al antiguo Somatén catalanista. Esa Agrupación Ciudadana se encargó en toda Cataluña (y por lo tanto en la propia Puigcerdá) de la labor de detención, control y represión de los implicados en la sublevación de 1934, además del desempeño de las tareas de la administración local en las diversas localidades donde alcaldes y concejales habían sido represaliados. Este tema, esto es, la sustitución de las autoridades locales catalanistas por miembros de la Agrupación Ciudadana, adictos y leales al general Batet y al gobierno de Madrid, nunca ha sido tratada por la sagrada historiografía académica y universitaria. Quizás por desconocimiento, tal vez por desidia, o bien por omisión interesada y consciente. Así es como se produjo, tras el triunfo del Frente Popular en febrero de 1936, el cambio de tornas, y aquella Guardia cívica o Agrupación Ciudadana (españolista) fue sustituida a su vez en el poder local por gente del somatén (catalanista) o por militantes de partidos republicanos. Los catalanistas reprimidos desde octubre de 1934 y durante todo el año de 1935, pasaban a ser en 1936 los represores de los españolistas derechistas. Al estallar la guerra, en julio de 1936, se abrieron las puertas a la persecución sin piedad de los antiguos componentes de la Guardia cívica creada por Batet, cuyos miembros en muchos casos ya habían militado anteriormente en Unión Patriótica, el partido único del dictador Primo de Rivera. Esa persecución fue llevada a cabo con saña y afán de venganza por los protagonistas de la insurrección de octubre de 1934, duramente perseguidos hasta las elecciones de febrero de 1936. Toda la documentación existente así lo señala, todas las pruebas así lo apuntan. Por tanto, no eran los anarquistas quienes ansiaban venganza en 1936, ya que estos en Puigcerdá, en octubre de 1934, apenas habían padecido dos semanas de cárcel, y por lo mismo poco o muy poco tenían que vengar, a gran diferencia de los militantes de ERC y Estat Catalá. Represión que se repitió idénticamente en otros muchos pueblos de Cataluña, y por las mismas causas, fomentada ya antes de la guerra por el propio Companys en sus discursos a su salida del Penal de Santa María, y por toda la prensa afín a ERC. Esta temática, al parecer, no ha inquietado a nadie, pese a las pruebas existentes; ni siquiera a los historiadores especializados en “represión” y recuento clasificatorio de víctimas. Quizás porque esa represión siempre es contemplada en un sentido unidireccional, y en ese caso la protagonizada por los “suyos” no cuenta, ni existe. No existe porque la Historia Falsa y Sagrada de la burguesía (sea españolista o catalanista) cree realmente que sólo existe aquello de lo que sus historiadores tratan y escriben. Y quien paga, manda. Otras facetas desconocidas son, por ejemplo, lo acaecido con los carabineros de Puigcerdá. Es un tema completamente inédito hasta hoy, que descubre y señala la impostura de muchos testimonios de la época respecto a la situación vivida en Puigcerdá durante los primeros días del inicio de la guerra. Este cuerpo de vigilancia se desmarcó de sus mandos y se situó al lado de la CNT, pero finalmente fue la causa principal, aunque indirecta, de la muerte de Martín. Entre las muchas historias revisadas y corregidas está la del famoso “Penja-robes”, que finalmente ha resultado ser, no un exacerbado y sanguinario criminal anarquista, tal como nos han vendido durante muchos años JM Solé Sabaté y otros, sino un vulgar agente infiltrado del PSUC y, para más inri, con un comprobado y documentado pasado nacionalista. Este personaje fue elevado interesadamente a una injusta gloria, gracias a la publicidad que le otorgó uno de los testimonios más serviciales: el del malogrado Francesc Viadiu, cuya patriótica labor en el libro LLeida la Roja no mereció al enemigo franquista ni una sola línea, ni a favor ni en contra, en la Causa General; evidencia de que su tarea como Delegado de Orden Público no fue tan notable y decisiva como nos la presenta. Cuestión distinta es que a su vuelta a España, en 1952, confiase que el reconocimiento de Francia y de Estados Unidos por su cometido como pasador de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, le podría servir para regresar impoluto y sin responsabilidades penales. Pero no fue así, ya que en Consejo Sumarísimo se le condenó a veinte años de reclusión, aunque sólo cumplió uno. Lo más novedoso del libro es la aparición de una serie de informes generados por la CNT, que abarcan desde la situación que se vivía en la Cerdaña a los propios incidentes de Bellver, o los asesinatos de la Serradora y la posterior represión que padecieron los anarquistas en la comarca, a manos de Estat Catalá, ERC y PSUC. Ello ha permitido reconstruir los hechos acaecidos en Puigcerdá de una forma totalmente diferente a la tradicional, y que por supuesto nada tiene que ver con la falsa versión hasta ahora mantenida gracias a documentos amañados que, sin crítica documental alguna, la historiografía académica y universitaria ha dado por buenos. Esta versión anarquista de los acontecimientos vividos en la Cerdaña ha sido corroborada por la procedente del otro lado de la frontera: la de las autoridades policiales y administrativas francesas. De este modo, se cierra y desmiente de forma definitiva el mito heroico y sagrado de la resistencia de Bellver y se aclaran los brutales asesinatos de la Serradora. Asesinatos ejecutados al más puro estilo mafioso por elementos afines al PSUC, sin descartar la complicidad de sus antiguos aliados de ERC, con quienes habían compartido responsabilidades en el Consejo Administrativo de Puigcerdá, en un intento por borrar huellas y pistas. Desmanes y crímenes que no han conseguido ninguna atención, y menos aún del medio académico y universitario, quizás por la sucia implicación de ERC y del PSUC. Tampoco ha merecido un estudio profundo y detallado de la Historia Sagrada la masiva fuga de muchos prohombres catalanistas, huidos en plena guerra civil, en muchos casos previo pago a Estat Català, ERC, o PSUC. Gracias a esto, muchos de esos próceres, patricios y/o potentados pasaron directamente al bando franquista, e ingresaron en su ejército. Su posterior trayectoria social, económica y política, encubierta siempre bajo un supuesto manto de caridad cristiana, nos permitiría comprender y explicar muchas biografías actuales, pretendidamente puras e intachables, cuando no heroicas y “patrióticas”. Ya sabemos que siempre ha existido cierta confusión e imprecisión entre patria y patrimonio. Del mismo modo, sigue pendiente un estudio de la contrarrevolución y de la represión antilibertaria que, en toda Cataluña, siguió a los sangrientos hechos de Mayo de 1937. Estudio que las universidades catalanas no han abordado, muy posiblemente a causa de la militancia ideológica neoestalinista o catalanista de la mayoría de historiadores, que les hace poco proclives a descubrir las miserias patrióticas o autoritarias de nuestra historia más reciente. Una mina informativa, no explotada suficientemente, es el importante fondo documental encontrado en el Archivo General Militar de Ávila (AGMA), que conserva un pormenorizado informe sobre lo acaecido en Puigcerdá, redactado por un militante de ERC que desempeñó el cargo de alcalde de esa población desde julio hasta octubre/noviembre de 1936. Paradójicamente, en esas memorias olvidó todo lo referente a la represión que se había desencadenado en su ciudad mientras fue alcalde. Desmemoria harto sospechosa, que sirvió convenientemente para achacar todos los crímenes de esa época a los anarquistas. Esos papeles no fueron destruidos antes de su precipitada huida a Francia, ya que cayeron en manos de las tropas franquistas y fueron depositados finalmente en el AGMA. Ahora no sólo nos permiten recuperar muchos aspectos totalmente desconocidos, sino que cambian de forma radical el relato histórico sostenido durante ochenta años. Ese alcalde, autor de un detallado informe, era Jaime Palau, miembro destacado de ERC. El inefable historiador Josep María Solé Sabaté se empeñó en calificarlo, siempre que pudo, como anarquista, cuando consta en su propio testimonio que Palau era hombre de confianza de ERC, a quien incluso se le envió en misión secreta a Francia, y después a Madrid, cumpliendo un cometido encomendado personalmente por el responsable catalán de Interior. Palau fue además partidario de la independencia de Cataluña. ¡Por fin podemos explicar lo que acaecía en la Seo antes y después del incidente de Bellver; por fin podemos narrar con cierto detalle, desconocido en la época, qué luchas intestinas sufría la propia CNT! Hemos tenido que tratar ineludiblemente el delicado tema de los asesinatos producidos en la Cerdaña en 1936-1937. Antonio Gascón y Agustín Guillamón queremos manifestar clara y rotundamente nuestra mayor consideración por todas las víctimas de la violencia, sea cual fuere su orientación política. En todo momento hemos mantenido firmemente la voluntad de reconocer su honorabilidad, sin renunciar a presentar nuestras novedosas tesis sobre tal cuestión. Creemos que la comprensión de las causas de esa violencia política no tienen por qué estar reñidas con el respeto a las víctimas y que ahí reside precisamente su mayor dignificación: encontrarles un sentido y explicación. Entre el material gráfico destacan las fotos de Antonio Martín (sólo reproducida por Ruta y Blanchon), Segundo Jodra (inédita) y Josep María Benet. Mostramos las firmas de Antonio Martín, de Joan Solé (al pie de una protesta de BRC) y de los presos por la insurrección de octubre de 1934. Agradecemos a Viena Edicions su generosa autorización para reproducir un excelente plano de la Cerdaña. Por otra parte, los 26 documentos expuestos en el anexo son una espléndida colección de joyas preciosas de los que la historiografía no podrá prescindir a partir de ahora: un regalo inolvidable y duradero. Objetivo importante del libro, que por sí sólo justifica su publicación, reside en desvelar la existencia de la llamada “lista negra” de Puigcerdá; lista que seleccionó a las víctimas de la matanza del 9 de septiembre de 1936. Demostramos que la masacre fue fruto de la venganza de los represaliados en octubre de 1934. Documentamos que la lista no fue redactada por los anarquistas, sino por los nacionalistas. Se arroja nueva luz sobre lo ocurrido en Puigcerdá tras la llegada de los carabineros, después del asesinato de Antonio Martín; se investigan los Hechos de Llívia y los de Ripoll, donde acaecieron historias muy similares a la de Bellver, cuando los pequeños propietarios locales decidieron hacer un gran negocio con el ganado vacuno, excusándose en el sindicato agrario. Hemos recuperado el testimonio escrito de un personaje que estuvo a punto de perecer en el puente de Bellver, unos minutos antes de que Antonio Martín cayera en la emboscada tendida por unos supuestos milicianos. Ese testimonio prueba, sin lugar a dudas, que la emboscada estaba preparada de antemano. Avisamos además que hemos desmontado cruelmente una preciosa, cándida y estimada leyenda local: la de las campanas de Bellver. Algunos historiadores o testigos han afirmado que, ante el imaginario ataque a Bellver por parte de los anarquistas de Puigcerdá, las campanas de Bellver tocaron a somatén, pidiendo auxilio a los pueblos cercanos. Demostramos que tal cosa jamás sucedió. Campanas mudas, las de Bellver. Del mismo modo, ahora, tenemos la certeza absoluta de que la única defensa que hubo en Bellver fue la de los intereses económicos de determinados propietarios muy concretos, y no la pretendida defensa de la República, de la legalidad o del nacionalismo catalán. Esas abstractas coartadas no han sido nunca más que diferentes opciones a elegir en función del gusto del historiador de turno, aunque siempre con la consideración común de que “fusilar” a placer a un confiado grupo humano (los cuatro componentes de la delegación cenetista que había sido autorizada a parlamentar con las autoridades de Bellver) fuera lo más habitual, evidente, normal, ético y “sano” del mundo... porque eran anarquistas. Y tratamos muchas cosas más, que el curioso lector irá descubriendo poco a poco. Buena, crítica, gozosa, aventurera y provechosa lectura; como entretenida, reflexiva y liberadora ha sido su escritura.

A. Gascón y A. Guillamón Barcelona, julio de 2018