Viernes, 18 de agosto de 2017|

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Ética, compromiso

Reseña del libro titulado "Breve tratado de ética. Una introducción a la teoría de la moral" de Heleno Saña. Editorial Almuzara (2009).

"En una de las detenciones que sufrió Fermín Salvochea, un juez le preguntó un día cuál era la religión que profesaba, a lo que respondió: «Hacer el bien»"

En ciertos sectores de la población, muy especialmente en países donde la lectura no es un hábito corriente, existe un recelo a los ensayos filosóficos. Una de las razones es la aridez y difícil comprensión de los temas que se analizan. Parte de esa responsabilidad la tienen los escritores por su incapacidad para transmitir sus conocimientos al ciudadano común. El caso de Heleno es una excepción a esa regla, siendo un paradigma a seguir. Sus encomiables dotes didácticas y pedagógicas nos permiten entender, amena y sencillamente, asuntos complejos y profundos.

Comienza con la etimología de ética, para explicar el significado actual del concepto, y sus relaciones con otras ciencias afines. Seguidamente nos invita a sumergirnos en una lectura que nos ayudará a entendernos a nosotros mismos y el mundo en el que vivimos. Autor de gran erudición, hace un recorrido a lo largo de la historia de la filosofía, desde los inicios hasta la actualidad, citando a los clásicos griegos (Sócrates, Platón, Aristóteles…), pasando por las distintas corrientes del pensamiento y tendencias de las distintas escuelas (desde el idealismo al materialismo, del hedonismo al estoicismo, o del existencialismo al pragmatismo), mostrando sus posturas con los distintos aportes e interpretaciones, y llegando a los contemporáneos, como Heidegger, Cioran, Marcuse o Horkheimer.

Vivimos en una sociedad industrializada y muy tecnificada, lejana de aquella en la que se inició la Filosofía. Sin embargo, los temas de los que trata el autor en esta obra son atemporales, eternos, universales; se plantearon entonces y se siguen planteando hoy: la libertad, la justicia, la verdad, la felicidad, la vida, la muerte... Pese a todos los avances y progresos científicos y técnicos que se han dado, no parece que vayan a la par con la felicidad de la gente, con la redistribución de la riqueza o con la libertad de la humanidad. O que hayan roto la dinámica de dominante y dominado que se ha sucedido a lo largo de los siglos. ¿Se ha erradicado el hambre en el mundo, o se han facilitado los medios para que no se propaguen epidemias que serían fácilmente evitables, o por el contrario se ha aumentado la potencia y capacidad de destrucción? Los nuevos artefactos y artilugios cada vez nos alienan más, alejándonos de la sabiduría. Nos estamos sumergiendo en la simplicidad y la uniformidad, adocenados. El hombre, en lugar de ser creativo, parece, entre tanto mecanismo, constituir una pieza más del engranaje que un espíritu crítico y libre que busque la autorrealización. ¿Seremos solo meras sombras de la vida? No parece que las máquinas estén al servicio de la humanidad, para lo que en teoría se construyeron, sino que más bien es el hombre una pieza más de ese sistema artificial de nuevos inventos. Un mundo donde el hombre es el objeto y los artilugios son los protagonistas de la vida. Engranajes que engullen en lugar de propiciar la libertad y facilitar la vida contemplativa.

Que el hombre es un animal social lo cuestionan pocos, pero que necesita vida interior, solo lo aprecia un limitado grupo en la era en la que vivimos. En la medida en que exista interacción entre el hombre y la sociedad, de la que forma parte, podemos decir que se goza de libertad para alcanzar la felicidad. «Hablar de libertad significa hablar de relación entre lo particular y lo común, entre individuo y colectividad».

Una filosofía sin más fin que el entretenimiento intelectual de un grupo selecto y ocioso que excluye a la población en general de la sabiduría no tiene sentido. El autor valora la filosofía del bien (que es la que se ha venido desarrollando con más o menos acierto desde los inicios), individual y colectivo, como compromiso para transformar una sociedad injusta y opresora, y tratar de comprender el universo en el que vivimos. Con sus palabras: «El fin de toda filosofía es el de ayudar al hombre a orientarse y a encontrarse a sí mismo, y no a sumirlo en la confusión y el caos».

Como buen heterodoxo, nos advierte de los peligros de los dogmas y fanatismos en cualquier ámbito de la vida, sean éstos religiosos, políticos, científicos o de otra índole: «El verdadero racionalismo es inseparable de la duda sobre sus propias conclusiones. Su signo diferencial no es la seguridad de sus enunciados, sino la capacidad de corregirse a sí mismo». Se está pasando de entender el mundo desde una óptica religiosa, que no permite otra visión que la suya propia, a una óptica científica, que también pretende lo mismo con otros parámetros. Ambas excluyen las visiones que les son ajenas.

Reflexionar sobre nosotros mismos y sobre el mundo en el que vivimos es fundamental para poder conocer nuestro comportamiento, el de la gente, y el funcionamiento de la sociedad. Inmersos en la cotidianeidad, en el transcurrir diario, no nos cuestionamos, con capacidad crítica, en qué mundo vivimos o qué sociedad estamos creando. El ensayo de Heleno nos ayuda en estos menesteres. Tampoco es que nos dé soluciones mágicas, porque no existen. Nos ayuda a pensar, esa actividad tan peligrosa para cualquier Sistema, independientemente de ideologías, para las jerarquías. En un mundo tan artificial, donde se están suprimiendo en las enseñanzas básicas asignaturas como filosofía o lenguas clásicas, es cada vez más imprescindible que se publiquen textos como este.

El libro que presentamos es un oasis de sabiduría crítica en una sociedad donde reina la admiración y el deleite por el cúmulo de bienes materiales y donde se aprecia la apariencia en lugar de la esencia y el fondo de la existencia. Este ensayo viene a ser un contrapeso a tanta información uniforme, acrítica y alienante. De las obras que he leído de Heleno, todas muy interesantes, posiblemente esta sea la más lograda. El valor de estas páginas no reside solo en la erudición de su autor, sino también en la madurez de su pensamiento, que con tanta generosidad él nos brinda.

A continuación reproducimos algunos fragmentos de distintos capítulos para que podamos apreciar con más claridad con qué sencillez escribe Heleno y con qué hondura y alcance.

- Sobre la sumisión en la era actual:

«La dialéctica hegeliana del amo y del esclavo funciona hoy mejor que nunca. Y ello sin necesidad de recurrir a la opresión abierta, como en los regímenes totalitarios, sino con el consentimiento o la resignación del individuo administrado. En teoría, la democracia contiene en su propia sustancia el principio de autocorrección, mas en la práctica ocurre a menudo exactamente lo contrario. Una cosa parece clara: sin el compromiso activo de la ciudadanía, los partidos políticos de uno y otro bando tienden a hacer un uso bastardo del poder. El pueblo soberano, glorificado desde sus orígenes griegos como la encarnación del espíritu democrático, es hoy sobre todo masa. Ahora bien, no una masa unida por un ideal u objetivo común, sino compuesta de individuos atomizados y sin apenas vínculos profundos entre sí. La estratificación social, profesional y económica de la sociedad dificulta naturalmente la unidad de acción del electorado. Existen, sin duda, intereses comunes, pero, en general, quedan subordinados a los intereses particulares o de grupo.»

- El Sistema, la dominación; nada ha cambiado en el fondo, solo en la forma:

«El reinado del pluralismo no es el reino de la libertad, como afirman sus apologetas, sino que sigue siendo el reino de la necesidad, esto es, de la arbitrariedad, de la injusticia, de la opresión y del dominio de unos hombres sobre otros. La libertad y la igualdad de oportunidades constantemente glorificadas por el sistema son meramente formales, y lo mismo reza para conceptos como “democracia”, “Estado de derecho” o “sociedad civil”.

»Llaman “heterogeneidad” y “diversidad” a lo que no es otra cosa que las diferencias a menudo abismales generadas por la hegemonía de unos grupos sociales sobre otros, y a nivel planetario, del Norte sobre el Sur. Se llenan la boca hablando de pluralismo, pero cuidándose de señalar que ese presunto pluralismo es el reflejo de las relaciones desiguales y asimétricas de poder entre los diversos sectores sociales. Lejos de ser un estado de cosas libremente elegido por el individuo, es una imposición del sistema. La llamada “sociedad pluralista” es la prolongación del pasado con otros medios, otras instituciones, otro discurso, otro design y otra técnica persuasiva. El fondo es el mismo; aparte del modus operandi, nada sustancial ha cambiado.»

- Los intelectuales al servicio del Poder:

«Han existido y siguen existiendo intelectuales íntegros, pero mucho más numerosos son los que venden sus conocimientos al mejor postor. Eso explica que el discurso crítico y antisistémico de otras épocas haya sido sustituido en gran parte por el discurso mimético, servil y antiemancipativo de las plumas mercenarias al servicio de la mayor gloria del sistema.»

- Los objetos, las cosas, las mercancías y el vacío existencial:

«Son las cosas las que nos dominan, no nosotros a las cosas, como seguimos imaginándonos. El hombre deja, cada vez más, de ser sujeto libre para convertirse en objeto del mundo cosificado que le rodea».

«Las ciudades están repletas de toda clase de utensilios, vehículos, aparatos, máquinas y mercancías, pero detrás de este lleno mecánico-material no hay más que ausencia espiritual, un estado de cosas propio de una civilización que ha olvidado todo lo esencial y que sólo tiene ojos para lo trivial. Puede decirse que el hombre medio de hoy es un fugitivo de la esterilidad que lleva dentro de sí mismo como un cáncer oculto, e incapaz de soportar su propia interioridad, busca refugio en el mundo externo de los objetos.»

- La igualdad y la libertad:

«El concepto de “igualdad” tal como lo entendemos nosotros incluye a priori la categoría de “autodeterminación”, esto es, de la libertad. Sin este derecho tan fundamental como irrenunciable, la igualdad se convierte necesariamente en una variante de la opresión».

Reseña realizada por Tántalo