Jueves, 27 de abril de 2017|

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Entrevista a Heleno Saña

Heleno Saña, 82 años. Filósofo

“No cometamos el error de reducir la vida humana a sus manifestacions más prosaicas y banales. Intentemos, por el contrario, con la ayuda de la fuerza de la imaginación y el imperativo categórico moral que nos legó Kant, darle su dimensión más elevada y profunda”.

- Debido a los últimos casos de corrupción acontecidos en el Estado español (los casos Gürtel, Bárcenas o Nóos) dedicados a la especulación financiera, el tráfico de influencias, y la crisis económica, ¿podríamos detectar unas causas lógicas a dicho fenómeno, tanto morales como específicas del caso español?

De la misma manera que existe una lógica de la virtud y la rectitud, ha existido siempre la lógica de las almas torcidas que eligen la opción del engaño, las trampas y el doble juego como norma de conducta, razón por la cual la historia universal ha poseído siempre, en mayor o menor grado, una dimensión inmoral. Lo que sorprende de la ola de corrupción que se ha apoderado de la res publica de nuestro país es quizá su burdo y plúmbeo carácter. Y ello reza tanto para los promotores de la corrupción como para los políticos que se han prestado a este juego sucio.

- Por lo demás, lo que ha movido a determinados personajes públicos a llenarse las faltriqueras de manera ilícita, es la versión made in Spain del individualismo posesivo y de la ideología del lucro a toda costa imperantes en la sociedad de consumo de nuestros días.

No quiero concluir mi respuesta sin señalar que la corrupción adquiere una nueva dimensión cualitativa y cuantitativa cuando es relativizada o negada abiertamente por individuos que sin haber faltado personalmente a la ley, intentan defender a priori, por espíritu de partido u otros motivos instrumentales, a quienes están involucrados en casos de corrupción, el señor Rajoy o la señora Cospedal como ejemplos paradigmáticos de este actitud contemporizadora.

- En el resto de países de Europa, como el Reino Unido, Alemania o Francia, debido a haber cometido delitos como el plagiar una tesis doctoral o el no pagar una multa de tráfico, han dimitido ministros y diputados. En el caso español se roban millones de euros y no sucede nada. ¿A qué se debe esta permisividad moral? ¿Hay elementos de una crisis específica de valores vinculados a ella?

Lo que está sucediendo en nuestro país en este aspecto difiere ciertamente de lo que acontece en los países mencionados, pero difiere también y en primer lugar de nuestra propia tradición cultural y moral, basada en valores y principios como el sentido del honor, la honra, la hidalguía y la hombría de bien, como se desprende de la lectura de nuestros clásicos, hoy tan olvidados y menospreciados por la casta de provincianos esnobs que tienen en sus manos la industria de la cultura. Es asimismo erróneo interpretar la corrupción de la hora actual con la picaresca surgida en la fase postrera del infausto reinado de los Habsburgo, como han afirmado comentaristas tan superficiales como ignorantes.

Como han dejado constancia los representantes de la literatura picaresca, sus protagonistas robaban y trampeaban motivados por el hambre y la miseria, no porque fueran personas aviesas por naturaleza o vocación. Con plena razón Mateo Alemán consignaba que la picaresca y la pobreza “salieron de la misma cantera”. Y tal es así, que además de ser un lacerante testimonio de la España misérrima de aquel tiempo, la novela picaresca constituye una anticipación de la literatura social que un par de siglos más tarde universalizarán Dickens, Victor Hugo, Dostoiewski o Emilio Zola.

De manera parecida, el jurisconsulto y memorialista Tomás Cerdán de Tallada se anticipó a Proudhon y su tesis de que “la propiedad es el robo”, al consignar a finales del siglo XVI en su obra “Verdadero gobierno de la monarquía de España” que el hurto está plenamente legitimado cuando su único motivo es el del hambre. En cambio, la gentuza que desde el advenimiento del postfranquismo se ha dedicado impúdicamente y de manera creciente a apropiarse de bienes que no les pertenecen, han obrado guiados por motivos tan bajos y vulgares como la codicia material, el afán de figurar y de formar parte de la feria de vanidades que cada época y cada país engendra. Si ello es en sí ya reprobable, lo es todavía más cuando coincide, en el espacio y el tiempo, con los altos índices de pauperismo, desamparo social y desempleo reinantes en la España de pandereta fabricada en las últimas décadas por los politicastros de baja estofa que han administrado el destino de la nación, uno de cuyos signos más siniestros y cínicos es el de haber dicho amén a la práctica inhumana de los deshaucios.

- ¿La corrupción es un fenómeno vinculado sólo o especialmente a las democracias parlamentarias?

En modo alguno. Y para convencerse de ello basta con dirigir la mirada a la República Popular China, un régimen que tiene la desfachatez de denominarse “comunista” y que se ha convertido en un inmenso antro de desgobierno y corrupción en todos los sentidos. Y no menos significativo es lo que ocurrió en la Unión Soviética y sus países satélites, en los que, como señaló Milovan Djilas en su día, surgió pronto una “nueva clase” dotada de toda clase de prebendas y privilegios inaccesibles al común de los ciudadanos, sin hablar ya del terror político introducido por Lenin y Trotsky y sistematizado por Stalin y los esbirros a su servicio.

La fuente de la corrupción es siempre la naturaleza humana y su proclividad a sucumbir a sus apetitos más bajos, un fenómeno que encuentra su máxima exresión en sociedades que, como la que hoy predomina en el mundo, carecen de una pedagogía digna de este nombre y están dominadas por una ideología basada en el autocentrismo insolidario y en el más soez de los hedonismos, el american way of life como el ejemplo más representativo de este lamentable estado de cosas.

- ¿Es en consecuencia la corrupción un fenómeno evitable? ¿Disponemos de soluciones a nuestro alcance para limitarla?

En principio, la corrupción –por lo menos la corrupción a gran escala predominante en nuestro país- puede ser eliminada o reducida a un mínimo irrelevante, pero para alcanzar esta meta sería indispensable proceder a una metanoia o mutación ética y axiológica de gran profundidad. Teniendo en cuenta el bajísimo nivel ético, humano e intelectual de la mayor parte de los políticos españoles, es evidente que el de profundis moral y cultural que nuestro pueblo tan urgentemente necesita sólo puede partir del propio ciudadano, no de la minoría incompetente e irresponsable que utiliza su poder para desvalijarle, oprimirle y humillarle. Las protestas y manifestaciones públicas contra el presente estado de cosas son un primer paso en esa dirección, pero deberían ir acompañadas del restablecimiento y la profundización de la conciencia crítica, que el sistema ha asfixiado en las últimas décadas por medio de la manipulación mental y emocional del hombre y la mujer con el objeto de reducirlos a animales de consumo y despojarles de su identidad como totalidad humana. Sin lo que Schiller llamaba “la revolucuión de las conciencias”, la presencia callejera de las masas no conducirá a ninguna transformación a fondo de la sociedad. No es sólo la corrupción y el parasitarismo de un determinado número de sujetos lo que hay que combatir, sino las mismas raíces del sistema que posibilitan la corrupción reinante y otras anomalías todavía más graves, entre ellas la corrupción legal de la especulación financiera, de los millones de euros o dólares anuales que se embolsan los grandes ejecutvos bancarios y de los consorcios multinacionales y los generosos salarios y privilegios que se adjudican los políticos en España y demás países.

El hombre de la sociedad de consumo –no sólo el español- es un ser altamente alienado en todos los aspectos esenciales. De lo que se trata es de proceder a su desalienación y sentar con ello las bases para su propia liberación y la liberación de la colectividad a que pertenece.

- ¿Se debería repensar la figura del político y establecer algún tipo de mecanismo corrector? En el caso del Reino Unido, el político se debe a su electorado a través del distrito uninominal, y no al partido, que es lo propio de los sistemas de listas como los que rigen en Esaña, Italia y Alemania. ¿Puede suponer la adopción del sistema de diputado único por circunscripción un adelanto sustantivo? ¿Qué otras propuestas podrían suponer un adelanto en la calidad del sistema?

A diferencia de la democracia directa o participativa, la democracia indirecta o representativa vigente en el hemisferio occidental contiene siempre in nuce el riesgo del alejamiento entre el diputado y el elector. Ya por esta sola razón, es claro que el modelo político inglés es más idóneo y más fiel a los principios democráticos que el que rige en los países citados. Y ello no puede sorprender si tenemos en cuenta que Inglaterra ha sido la cuna del liberalismo y de la cultura política moderna. Lo que hoy se ha impuesto es la partitocracia, versión adulterada de lo que es la democracia o gobierno del pueblo. De ahí que quien en última instancia decide no es el pueblo soberano, sino los intereses específicos e inevitablemente instrumentales de los partidos y sus correspondientes camarillas. Pero a mi modesto parecer, no se puede reducir el concepto de democracia a su estructura formal, sino que es necesario interrogarse sobre los valores que postula, empezando por el de la justicia distributiva. El telón de Aquiles del sistema político surgido tras la muerte de Franco ha sido la ausencia de un ideario social digno de este nombre. Los partidos mayoritarios se han dedicado a todo menos a construir una España con una base socioeconómica capaz de asegurar a sus hijos una vida a cubierto de toda necesidad material. Y la prueba de ello es el número creciente de personas que sin culpa alguna se ven condenadas al azote y la humillación de la pobreza. En las últimas décadas no ha funcionado ni la democracia formal ni la democracia social. Seguimos siendo o volvemos a ser un país de ricos y pobres, de potentados y parias, de privilegiados y discriminados, por mucho que ante la ley todos seamos iguales. ¿Pero de qué nos sirve una igualdad formal que no impide que mucha gente se muera de hambre o tenga que malvivir con empleos cada vez más precarios y peor remunerados o que ha creado una juventud que tiene que irse al extranjero para poder encontrar el puesto de trabajo que su propio país le niega?

A mi juicio, semejante pseudo-democracia sólo sirve como motivo para ser reemplazada por una democracia más acorde con los derechos y las necesidades fundamentales del ciudadano y más capaz, por ello, de satisfacer el anhelo de felicidad inherente a la condición humana. He ahí, creo, el imperativo categórico moral a cumplir en el futuro.

Si vinculo la ingente tarea renovadora que nos espera con la fórmula central de la filosofía de Kant, es por la sencilla razón de que España padece no sólo una grave penuria material, sino también un gran déficit ético. No necesito añadir que sólo lograremos superar el primero de ambos problemas si solucionamos el segundo.

Fuente El Brou de la Ciutadella

Ilustración: Detalle de la estatua de Prometeo que se encuentra en la Plaza Rockefeller de New York (EE.UU.AA)
¿Habrá que volver a Prometeo de cara y tomar su fuego?

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