Sábado, 16 de diciembre de 2017|

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Crítica de la película: Las nieves del Kilimanjaro

PELÍCULA: Las nieves del Kilimanjaro.
Título original: Les neiges du Kilimanjaro.
Dirección: Robert Guédiguian.
País: Francia.
Año: 2011.
Duración: 107 min.
Interpretación: Ariane Ascaride (Marie-Claire), Jean-Pierre Darroussin (Michel), Gérard Meylan (Raoul), Marilyne Canto (Denise), Grégoire Leprince-Ringuet (Christophe), Anaïs Demoustier (Flo), Adrien Jolivet (Cilles).
Guion: Robert Guédiguian y Jean-Louis Milesi; inspirado en el poema “La gente pobre”, de Victor Hugo.
Fotografía: Pierre Milon.
Montaje: Bernard Sasia.
Diseño de producción: Michel Vandestien.
Vestuario: Juliette Chanaud.
Estreno en Francia: 16 Noviembre 2011. Estreno en España: 27 Abril 2012

¿Spiderman y la crisis del superhéroe moderno, o el retorno a la república social de Jean Jaurès: libertad, igualdad y fraternidad?

Robert Guédiguian muestra los cambios que ha sufrido la estructura social en los últimos años, tomando como muestra al núcleo familiar y a la clase obrera. El realizador francés parte del poema *Les Pauvres Gens* de Victor Hugo para retratar un ideario basado en la importancia de la solidaridad colectiva y la lucha sindical en tiempos de crisis, económica y moral, en un contexto de desunión colectiva y desmotivación de la juventud.

Lo que aquí se nos cuenta es una historia aparentemente sencilla que, como una cebolla nos va mostrando, capa tras capa, la voluntad de huir de cualquier encasillamiento en un solo género cinematográfico: comedia costumbrista, melodrama romántico, drama social, thriller urbano, falso documental. Todo tiene cabida, todo tiene su momento. Cuantas más capas abramos más posibilidades tendremos de seguir indagando y profundizando en la vida y la psicología de estos personajes, en sus heroicidades y sus fracasos, en su aprendizaje y su renuncia, en sus actos meditados y sus reacciones impulsivas.

Nos picarán los ojos en algunos momentos, quizá lloremos en otros o incluso lleguemos a rebelarnos contra el objeto de nuestro lloro, pero merece la pena seguir hacia lo más profundo de esta historia para llegar hasta su corazón, y de paso sobrevolar el nuestro. ¡¡Que no cunda el pánico, que no nos enfrentamos a una subidón de azúcar!!.

Algunas pinceladas sobre el argumento de Les Neiges du Kilimanjaro.

Michel (Jean-Pierre Darroussin), representante sindical, decide que el mejor método para evitar el cierre de su empresa es introducir un papel con el nombre de cada empleado en una caja y echar a suertes quién se queda con su puesto de trabajo y quién va al paro, o dependiendo de la edad, se prejubila. En un acto que supone heroico, el sindicalista introduce su nombre en la caja, y ante la atónita mirada de su compañero y amigo Raoul (Gérard Meylan) aparece elegido entre los veinte que pierden su puesto de trabajo. Jubilado antes de tiempo pero feliz de todos modos, decide dedicar el tiempo libre a sus hijos y nietos, pero sobretodo a su esposa Marie-Claire (Ariane Ascaride). La mujer, que decidió abandonar sus estudios de enfermería para dedicarse a *vivir* con Michel, consigue algún dinero cuidando a una anciana.

La pareja decide mirar hacia el horizonte en busca de tiempos más propicios y celebrar sus treinta años de matrimonio. El regalo de sus hijos será un viaje al Kilimanjaro y algo de dinero en efectivo para los gastos. Un suceso brutal, al que todos y todas estamos expuestos en este sistema de desigualdad y de injusticias, rompe la aparente paz y armonía de pareja, familiares y amigos. Mientras avanza el metraje Michel y Marie-Claire sufrirán cambios de opinión sobre las consecuencias de lo sucedido y de su propia actuación. ¿Quién es la víctima y quién el verdugo? ¿El fin justifica los medios? ¿Puede un gesto amable más que un acto violento? ¿Deben pagar las nuevas generaciones los errores de sus progenitores? ¿El aburguesamiento de los antiguos obreros se resume en inmueble propio, coche y playa? ¿Existe realmente este aburguesamiento y, si es así, en qué consiste? ¿Viajamos a países desfavorecidos para rebajar nuestro sentimiento de culpa hacia la desgracia ajena? ¿Quién posee qué o a quién? ¿Es más madre quien ha parido a su hijo o quién lo cuida y educa? ¿No es la unidad familiar el primer ámbito de coacción y apaciguamiento del espíritu rebelde? ¿Puede el amor aguantar el desmoronamiento de los ideales de juventud? ¿El supuesto fracaso de nuestro cónyuge o amigo como reflejo de nuestro propio fracaso y el odio hacia nosotros mismos o como oportunidad para demostrar nuestro apoyo? ¿Existe la bondad ejemplar o todo se queda en bonitos discursos y buenas intenciones?

El guión, del propio Guédiguian y Jean-Louis Milesi, nos plantea estas y otros muchas preguntas regalándonos una auténtica diatriba del héroe cansado (y avergonzado) de serlo. Siguiendo una ruta contemporánea, partimos del poema de Victor Hugo que es una oda a la bondad ejemplar con la que nos sorprenden los protagonistas a lo largo de la historia. En palabras del realizador: no se trataba de contar la historia de unos pescadores bretones en el siglo XIX, sino de hacer una película actual rodada en Marsella.

Las situaciones y diálogos nos plantean la ausencia de conciencia de clase en la que está sumida nuestra sociedad y desenmascaran la impostura intelectual que nos hace creer que hay dos pueblos: el autóctono asalariado que vive en urbanizaciones y el inmigrante en paro, delincuente y que vive en las afueras. La realidad que pretende mostrar la película es mucho más compleja, sobretodo a través del personaje del agresor o nuevo pobre, que afectado por el paro se rebela para pagar el alquiler y criar a sus hermanos pequeños. Importante el ver a dos generaciones de personajes y más importante aún el choque que supone para la pareja protagonista la agresión provocada por uno de su clase. No puede ser que algo así nos suceda a nosotros, que siempre hemos luchado por la libertad y la solidaridad. Esta situación hace ver que siempre hay gente más pobre y que se puede ser rico a los ojos del otro, lo que hace replantearse la noción de valor de Jean Jaurès (1859-1914, filósofo francés, pacifista, asesinado por su oposición a la I Guerra Mundial una semana antes del inicio de la misma), que hace de guía y líder del protagonista en muchas partes del film.

Quiénes veáis la película descubriréis por qué. Ascaride se mostró especialmente cariñosa con su personaje en la presentación de la película y se metió a los asistentes al evento en el bolsillo cuando explicó qué había de Ariane en el personaje de Marie-Claire: las mujeres que me han criado, a las que admiro, la mujer que me habría gustado ser, las mujeres que nos cruzamos por la calle y a las que no miramos, las que no tienen tiempo para ir a la peluquería cada semana y las que saben escuchar la desesperación de los otros mientras cocinan. Sobre estas mujeres (y hombres) habla la película. Sobre esos héroes que dirigieron todas sus energías a proteger lo que ya habían conseguido y dejaron de luchar por algo nuevo.

Finalmente, destacar la música, que aparece en momentos muy determinados para hacer que las imágenes a las que acompañan no nos resulten extrañas y nos preguntemos qué está pasando en ese momento y por qué sucede lo que vemos en la pantalla a la vez que nos proporciona amparo y suaviza ciertos momentos de esta historia.

No os la perdais. Manuel *