Viernes, 18 de agosto de 2017|

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Bruno Lima: El Muro cayó y dejó su herencia maldita

El próximo lunes 09 de noviembre cumplen veinte años del derrumbe del Muro de Berlín a martillazos, erguido a las prisas en 1961. La actual generación de jóvenes (entre dieciocho y veinticinco años) tiene poca o ninguna noción de esos significados para la política contemporánea. Afirmo eso basado en mi propia experiencia reciente en la docencia universitaria, trabajando también con especialización y post-grado académico.

El término de la URSS vino después de la reacción popular al último suspiro estalinista en la forma de golpe militar en agosto 1991. Con el fin de la Guerra Fría, la derrota y la disolución de la antigua Unión Soviética, concretizada entre agosto y diciembre de 1991, jugaron en la fosa común las ideas de igualdad y durante una década, fue asociada la democracia liberal como única forma de régimen democrático. A partir de la derrota y posterior disolución de la antigua Unión Soviética culmina un proceso donde, de forma intencional, se confunde la plataforma de la igualdad con ineficiencia económica e ideas ultrapasadas.

Mucha pavada fue dicha, como el Fin de la Historia y la irreductible marcha de la humanidad rumbo a la mundialización del capitalismo. Ni todo fue o es tan simplista, siendo que la Caída del Muro fue conmemorada por varios sectores de la izquierda, justo los críticos más duros de aquel Estado totalitario.

El senso común, bombardeado por las industrias de bienes simbólicos (media corporativa) en general, percibe sólo el efecto de la llamada Globalización de las Corporaciones, como la materialización de la victoria política, económica y militar de los EUA y el bloque de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Esto genera una serie de equívocos y déficits en la formación de aquellos que están en la faena política cotidiana y la ciudadanía brasileña paga el precio por esta laguna. El problema se nota en dos ejemplos. Uno, confundir la política de izquierda esencialmente con la mayor intervención del Estado en la economía. Otro relaciona este campo del pensamiento sólo con totalitarismo y partido único. Se traducen conceptos apenas explicados en jerga y rótulos de poca o ninguna profundidad. Sólo
para ejemplificar el volumen de las tonterías, hay muchos analistas
políticos por ahí diciendo que “tal político es de izquierda porque defiende mayor intervención del Estado en la economía capitalista”. Bien, por ese concepto tuerto, Franklin Delano Roosevelt también sería de “izquierda”.

Estos equívocos son una parte de la herencia maldita de la Cortina de
Hierro. El senso común asocia al pensamiento distribuctivista e igualitario a las características de una sociedad gobernada bajo dictaduras de inspiración marxista. Esta es una verdad sólo parcial. Ni todo socialismo es dictatorial y menos aún marxista. Es correcto que el marxismo - con todas sus derivaciones - fue el pensamiento mayoritario en las izquierdas. Pero está lejos de ser el único. Los embates en el interior del campo socialista comienzan en 1848 y culminan en la fractura entre federalistas (anarquistas) y centralistas (marxistas) en la 1ª Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT, 1864-1871).

Ya el siglo XIX el problema de la libertad y de la vía estatal dividía
aguas. Y, justicia sea hecha, todo lo que aconteció en las sociedades
gobernadas por la Nomenklatura como clase dominante fue previsto por los opositores de Marx dentro de la AIT. Dicho y hecho. Al desdeñar del problema de la libertad y centralizar las decisiones en gestores profesionales basados en una doctrina con pretensión “científica”, la sociedad pasa a ser sólo un objeto de control y no sujetos a ser emancipados a través de la gestión directa en el mundo del trabajo, de la cultura, de la política y del ocio.

Entiendo que es urgente rescatar la crítica al totalitarismo por izquierda
para contraponerse su falsa alternativa, el pensamiento único de base
neoliberal. La asociación vulgar disemina la creencia de que “competencia” de mercado es sinónimo de libertad política. No es. El primer Estado que la ortodoxia neoliberal toma de asalto es Chile de Pinochet. Los economistas chilenos formados por Milton Friedman, con apodo de Chicago Boys, hicieron real el autoritarismo de mercado.

En parte el problema continúa. El régimen dictatorial de la China comprueba que la dictadura de partido único y control de la sociedad entran en “armonía” perfecta con las grandes transnacionales. Su clase dominante, los mandarines del Partido, son dublés de empresarios e interdependientes económicamente de los Estados Unidos. Eso puede ser todo, menos la expresión societaria de la libertad política con distribución de renta y poder.

Está más del que probado. Una sociedad justa no puede ser basada ni en la competición y tampoco en ninguna forma de pensamiento único. Veo dos desafíos fundamentales para las izquierdas actuales. Uno es profundizar las formas de democracia social con participación directa en las decisiones fundamentales. Otro es librarse de vez de toda la herencia maldita del extinto Bloque Soviético y sus derivaciones.

Bruno Lima Rocha es politólogo, docente universitario y milita en el frente de medios del Elaopa.

Bruno Lima Rocha