Miércoles, 13 de diciembre de 2017|

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Armand Guerra, renaciendo de la metralla

Armand Guerra, renaciendo de la metralla

Esta es la primera vez que publicamos en está bitácora un artículo por encargo. Siempre se han colgado artículos de otros medios de otros autores, pero por encargo nunca. La cuestión estriba en las conversaciones que en más de una ocasión he tenido con mi amigo Canichu sobre la figura de Armand Guerra y la película "Carne de fieras". En vista de ser un tema interesante le propuse que escribiese algo al respecto. Y escribir algo de Armand Guerra es remitirse a su obra A través de la metralla. Le presté la obra, un documental sobre la vida de Armand Guerra, visionó la película, y se documentó sobre el cineasta y el cine de la época.

Aquí está el resultado. Muchas gracias Canichu.


El nacimiento del neorrealismo italiano en el cine es adjudicado a los italianos tras haber vivido la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial y, en medio de ella, el desvanecimiento y la desilusión de un mundo ideal dentro del ideario fascista. Se le suele adjudicar, por otra parte, a cineastas cercanos al Partido Comunista de Italia. Sin embargo, España, que normalmente no suele defenderse muy bien en lo internacional de estos calibres, tiene un “no obstante” que decir y que ya han dicho algunos pocos estudiosos de la Historia del cine.

Un conjunto de cineastas españoles se habían adentrado ya en la cinematografía que exploraba nuevos caminos para contar historias, que era los caminos que iban a llevar al neorrealismo. Lo hizo en los años 1930, pero lamentablemente durante los años de la guerra civil española de 1936 a 1939. El conflicto bélico evita la difusión y la publicidad dentro y fuera de las fronteras españolas. Dentro porque el fenómeno se realizó en zona republicana, fuera, porque la industria cinematográfica española no estaba en esos momentos para distribuciones y promociones. Además, sus realizadores eran gente anarquista, lo que podría haber puesto más en guardia contra su distribución a países aparentemente cercanos a la causa republicana, como Francia o Reino Unido, temerosos de que en lugar de una revolución fascista triunfara otra comunista en la península Ibérica. Fueron pocas, eso sí, las películas de ficción que llegaron a realizar y hay que decir que no eran películas anarquistas, pero sí llevaban parte de su mensaje social al ser buena parte de sus cineastas anarquistas. Terminada la guerra, con la victoria de la dictadura del general Franco, estos metrajes durmieron el sueño de los justos y el olvido, apenas alterado ocasionalmente en algún momento puntual de los años 1970 y 1980-1990. Su devolución al conocimiento del público y de los ciudadanos se produjo más bien en torno al año 2010, cuando en el 100º aniversario del sindicato anarquista CNT se hizo un trabajo conjunto con la Filmoteca Española para su recuperación y restauración en una edición muy cuidada donde colaboraron diversos historiadores. Hablamos de largometrajes de Pedro Puche, Fernando Mignoni, Antonio Sau y Valentín R. González, si acaso se podrían estos enlazar a cierto mediometraje documental muy conocido de Luis Buñuel, sin que el tal mediometraje sea exactamente ni de ideales anarquistas ni de realizador anarquista.

Hubo una de aquellas producciones cuyo resurgimiento fue anterior al 2010, fue el 15 de septiembre de 1992, en los Cines Elíseos, en la Filmoteca de Zaragoza, con una película sonora en blanco y negro de 71 minutos de duración en proyección, de formato en 35 milímetros. Se trataba de “Carne de fieras”, rodada en julio de 1936, coincidiendo con los primeros días del estallido de la guerra civil. Su director era conocido como Armand Guerra, terminó su rodaje pero jamás se montó, para ello hubo que esperar cincuenta y seis años, cuando se encontraron los rollos originales y se dieron a la labor una serie de entusiastas del cine y de lo que hoy llamaríamos la memoria histórica. El asunto atrajo incluso como para rodarle documentales televisivos, pese a que bien es cierto que en los años 1980 en los ámbitos minoritarios de la cultura anarquista española la película se conocía a través de un mal intento (aunque loable) de montaje y restauración en sistema de video. Pero, ¿quién era Armand Guerra y qué era esa película?

Armand Guerra puede pasar hoy para mucha gente, incluso para muchos que se consideran grandes conocedores del cine español, como alguien desapercibido. Sin embargo, este hombre se había formado en el cine mudo con franceses tan conocidos como Sebastián Faure, Jean Grave, André Girard, Laisant, Pierre Martín, Yves Bidamant o Marcel Martinet, en la década de 1910, y también con los alemanes Murnau, Fritz Lang, Hans Newmann, Werckmeister, Alexander Granach, Erich Mühsam y el anarquista Rudolf Rocker, en la década de 1920, en los mismísimos estudios de cine berlineses UFA, que eran el Hollywood de Europa en aquella época. También trabajó en los años 1930 con Imperio Argentina, con José Luis Gutiérrez, de Filmófono, con el productor español Ferrán Alberich, Daniel Parilla, Beringola, Marlène Grey, y otros, estos últimos por ejemplo en “Carne de fieras”.

Pero, siempre hay “peros” nefastos en las biografías desconocidas de las personas más brillantes, a pesar de que desempeñó todo tipo de trabajos en el cine, no sólo el de director de cine, también hizo de guionista, actor, director de carteles de diálogo, traductor, productor, tramoyista, etcétera, sólo conservamos de él diez películas conocidas, algunas sólo como actor o con otro oficio que no es el de director. Cuatro de ellas son francesas, y se han logrado restaurar tres, otras tres son alemanas, alguna se conserva, seis son españolas, se ha logrado conservar una de las españolas, todo sea que alguien nos dé algún día una sorpresa a modo de hayazgo. Son: en Francia, “Un grito en la selva” (1913, en la cual él era, según él mismo, el único actor, director y argumentista español en París en esos momentos), “Les misères de l’aiguille” (1913), “Le vieux Docker” (1913) y “La Commune” (1913-1914); en un primer momento en España, “El crimen del bosque azul” (1918), “La zarpa del paralítico” (1918) y “La maldición de la gitana” (1918); en Alemania, desde 1920 hizo de guionista para la UFA pero no firma, al menos de manera reconocible, por lo que no se sabe cuáles fueron sus guiones, hizo “Sommersnachtstraum” (1924, que es "El sueño de una noche de verano"), “Luis Candelas, el bandido de Madrid” (1926, que fue española y que la hizo intentando presentar –sin éxito- en España un invento suyo para crear cine sonoro, no olvidemos que el sonoro comenzó en 1927, y que en España no fue posible hasta 1930), “Batalla de damas” (1927, que fue codirigida por él con Werckmeister, que haría una segunda versión en 1928) y “Die geschenkte loge” (1928); de regreso a España de nuevo, en 1930 se hizo cargo pese a su disgusto de la producción y dirección de “El amor solfeado” (con Imperio Argentina, cuya fama y belleza pudo ser lo que hizo que aceptara), y definitivamente, “Carne de fieras” (1936), posteriormente intentó hacer una serie de reportajes bélicos que se malograron.

Entre medias Armand Guerra había desempeñado innumerables trabajos y tareas en innumerables metrajes en los que no consta en los créditos, por lo que son difíciles de rastrear o descubrir, más con el paso y la distancia del tiempo. Escribió para prensa de cine tanto francesa, como alemana, como española. También para la prensa anarquista, pues era anarquista y había participado de manifestaciones de manera destacada para los informes policiales contra él, y viajó en su juventud por toda Europa Oriental y Central, más Francia. Era conocido en los ámbitos anarquistas hasta el punto que solían poner policías secretos vigilando sus pasos por sus viajes, no sólo era conocido en el mundo del cine. Creó una cooperativa de cineastas obreros en Francia en sus años parisinos de 1910, y en 1917 creó su primera productora de cine, Cervantes Films. El nombre de su productora puede que no sea sólo por ser un nombre de referencia entre los creadores españoles y la lengua española, sino porque fue en la ciudad natal el escritor del siglo XVI, Alcalá de Henares, donde conoció a la que sería su mujer. Aquí ella trabajaba en una de las fábricas de la ciudad, y aquí él buscaba localizaciones que terminó usando en su primera película netamente española, “El crimen del bosque azul”, uno de los metrajes perdidos.

Armand Guerra era también José Silavitse cuando escribía en la prensa anarquista, pero su nombre real era José Estívalis Cabo. Lo de Armand Guerra fue una broma, lo adoptó como nombre artístico (y para despistar a la policía un poco) cuando en su etapa francesa iba a estallar la Primera Guerra Mundial; Armand[o] Guerra. Había nacido en Valencia en 1886 y desde luego, aunque de costumbres muy españolas, era un ciudadano del mundo muy acorde con los ideales fraternales del anarquismo. Para Armand Guerra la vida era algo pasional de la mano de sus ideales por un mundo diferente al establecido por las relaciones sociales a las que fuerza el capitalismo. Es algo que dejó muy claro, por ejemplo también, en algún libro que escribe, como el muy célebre “A través de la metralla. Escenas vividas en los frentes y en la retaguardia” (1937, reeditado en 2005 en Madrid por La Malatesta).

El rodaje de “Carne de fieras” sufrió accidentes. El principal, coincidió con las fechas de los primeros días de la guerra. El resto fueron derivados. El equipo se encontraba en Madrid. Armand Guerra, afiliado a la CNT, quiso abandonarlo todo y alistarse a la milicia o donde más falta hiciera. Sin embargo, el sindicato, pasados los primeros días, decidió que lo mejor era que prosiguiera con el rodaje con la intención de que los trabajadores implicados en su producción, y los futuros trabajadores de las salas de proyección, mantuvieran sus trabajos y con ellos sus sueldos, ya que se avecinaban tiempos de carestía de todo tipo de cosas. Además, haber triunfado en la capital los leales a la República, y con ellos buena parte de los revolucionarios de izquierdas, se quería emitir un mensaje de tranquilidad, normalidad y confianza en la victoria. Nada mejor para ello que hacer ver a la ciudadanía que se proseguía normalmente con la vida normal de la ciudad, tanto con el rodaje de una película como con su presumible posterior proyección. Pero era un hecho de que había en marcha diversas huelgas en sectores de oficios que las proclamaron para apoyar a las milicias. Además, los problemas y necesidades de toda guerra provocaron cortes del suministro eléctrico, por lo que los equipos de rodaje sufrieron subidas y bajadas de tensión que afectaron a varias tomas, aunque sorprendentemente apenas se tuvo que repetir escenas por motivos técnicos. El material cinematográfico se había transformado en difícil de conseguir, por lo que casi todo se rodó en primera toma, saliera como saliera. Los permisos de rodaje en la calle quedaban en vilo al surgir el nuevo ambiente bélico en la capital, por lo que estos debían hacerse valer mediante los permisos del sindicato y de la Junta de Defensa de Madrid. Los milicianos y los soldados, en todo caso, no se apartaron de la calle que servía de localización, lo que hizo que en el largometraje aparezcan de fondo milicianos y soldados auténticos por detrás de los protagonistas. No se sabe si Armand Guerra hubo de aceptar a la fuerza que no se fueran del plano o bien si no quiso quitarles para poder reflejar la realidad de una nueva sociedad nacida del pueblo en armas. En todo caso, la película no es bélica ni revolucionaria y los milicianos se transforman así en unos personajes extras que a un espectador ajeno a los pormenores del rodaje hará que se formule preguntas e hipótesis de su porqué. Una de las escenas más míticas es la llegada en coche de los protagonistas a una plazoleta donde hay una terraza de bar. Al bajarse uno de los protagonistas se despide de un miliciano que conducía con el saludo obrero del puño en alto. La escena quedó en el argumento de la película sin explicarlo, pero en realidad el actor había sido retenido por un puesto de guardia miliciano, al identificarse como actor de la CNT el miliciano le llevó en coche a la zona del rodaje, a donde llegó tarde. Armand Guerra le recibió rodando su llegada y esta se quedó plasmada en el argumento.

Otro de los pormenores era el de la falta de comida. Parte del equipo de actores era una compañía circense de Francia que se encontraba en Madrid. Los leones, personajes principales de la metáfora central de la historia a narrar, pasaban tanta o más hambre que las personas en el Madrid en guerra. El gremio de carniceros de la CNT de Madrid se ofreció para alimentarlos, pero aún así, su hambre hizo peligrar varias veces la vida de la actriz principal Marlène Grey. No murió devorada durante el rodaje, pero al año siguiente, en 1937, sí lo hizo durante una actuación, su muerte se produjo en un hospital español tras recibir las dentelladas y desgarros de uno de aquellos leones. Luego tenemos otras contingencias bélicas, como la de la actriz secundaria Tina de Jarque, que un año más tarde, en 1937 también, fue fusilada por la República acusada de espionaje y robo de joyas. Definitivamente, el rodaje sufrió el mayor de sus problemas: las ansias de Armand Guerra de participar de la guerra de otro modo. Cuando terminó el rodaje dejó todo lo rodado y los copiones de lo mismo preparados para su montaje, que abandonó a manos de Daniel Parrilla y Arturo Beringola. Estos marcaron las pautas de un premontaje, pero las cintas terminaron abandonadas en un almacén ya que Guerra y Beringola, por ejemplo, fueron requeridos para rodar una serie de documentales bélicos en torno a los frentes más cercanos a Madrid que levantaran la moral de la tropa y de los civiles, así como crearan confianza en los logros de las colectivizaciones. Buena parte de ese material acabó en manos de Franco, por ejemplo el abandonado por una huida precipitada cuando se tomó Toledo por parte de las tropas fascistas, el cual posiblemente se ha montado en noticiarios o documentales proclives a Franco, otra parte del material acabó perdido u olvidado en algún almacén, quizá a la espera de ser encontrado en alguna filmoteca o entre las propiedades personales de alguien.

“Carne de fieras” muestra cosas del cine español que nos hacen preguntarnos a dónde hubiera podido evolucionar si la dictadura franquista y su ideología no lo hubiera interrumpido. El cine, como cualquier producto cultural, se ve afectado de las ideas de sus creadores, pero también de los límites o libertades que puedan gozar en la hora de su creación y exhibición. También es cierto que entre las primeras películas sonoras de Hollywood se habían visto obras con un alto nivel de palabras malsonantes, ateísmo, violencia, sexo y otras cuestiones que los vigilantes de la moral conservadora de Estados Unidos cortaron a los pocos años, incluso recurriendo a sanciones elevadas a las productoras hasta que cancelaron esos guiones. España no era Hollywood y nos llevaría un trabajo extenso, casi de tesis doctoral, hablar del panorama social, moral y cinematográfico en la península. Sin embargo, sí podemos obviar que la Segunda República permitió una mayor permisividad en muchos guiones que de otra manera no hubiera sido rodado. Por ejemplo, una de las escenas más llamativas es la que da sentido metafórico al metraje: el desnudo prácticamente integral de la actriz francesa bailando al ritmo del chasquido del látigo de un domador de leones dentro de una jaula de circo, mientras un público de todas las edades la observan. La película explora un ritmo nuevo para la época, que es el que preludia el neorrealismo y, repetimos, con su origen en España y no en Italia. Escenas a tiempo real, nada de sugerencias surrealistas (salvo la metáfora de la bailarina que por otro lado se nos muestra como algo plausible), diálogos sobre la realidad tangible, personajes de la vida común, pese a ser sacados de los márgenes de la sociedad convencional, costumbrismo… etcétera. Pero todo ello rebozado de un ideal de nueva sociedad sugerido, como el de los milicianos de fondo, o esa mujer “carne de fieras” que podrá seguir trabajando cuando se empareje porque así lo desea ella y, además, en el espectáculo. Trata del amor libre, de las familias perfectamente normales a pesar de no ser de modelo católico, de la libertad individual, etcétera. Todo parte de la separación y divorcio de un boxeador de su esposa porque esta le engaña, y de la nueva vida que este adquiere cuando adopta a un niño de la calle y a la vez conoce a una bailarina circense que realiza un baile erótico en una jaula todas las noches. Esa nueva vida corre paralela con una nueva sociedad de la que se habla en el guión en cada detalle visual y dialogado. La película puede tener algunos fallos, pero sin duda su intención era totalmente renovadora en su día.

Armand Guerra ha pasado en buena parte al olvido dado que su militancia anarquista le transformaron en una bestia negra para el franquismo, por lo que quedó altamente censurado y olvidado. No ayudó la muerte del cineasta en Francia en 1939, tras pasar por un campo de concentración. Su propia hija, ante el silencio de su madre, hubo de esperar a su orfandad total para poder indagar sobre su pasado paternal (cuyo final le había propiciado a su madre un gran dolor de por vida), esa horfandad no ocurrió hasta mediados de los años 1990. Su actuación durante la guerra y sus escritos habían dejado más claro que nunca su pertenencia anarcosindicalista. Su libro de memorias bélicas durante 1937 dejaba muy a las claras que su labor cinematográfica estaba en esos momentos íntimamente ligada al apoyo a las colectivizaciones y a las milicias, especialmente a las de CNT y a las de UGT. Su trabajo cinematográfico estaba plenamente comprometido en ese sentido. Rodó excesivamente cerca de las balas y los obuses. Su pasado era bien conocido, pero su presente del momento era bien patente.

A todo esto hay que sumar que en los años 1937 y 1938 cineastas de Cataluña, también cercanos o afiliados a la CNT, y no necesariamente sólo productores, habían iniciado la socialización de las salas de proyección y del trabajo de todas las labores del mundo del cine.

Armand Guerra se había iniciado en el cine desde su época dorada en el mudo trabajando con algunos de los más grandes cineastas del momento, como los citados Mornau y Lang. Las innovaciones y la vocación que demuestra en el periodo 1936 a 1937 nos muestran que es posible que si hubiera podido continuar hubiera dado la alternativa al surrealismo iniciado por Buñuel hacia un cine realista que sabía bien qué deseaba contar. Incluso si hubiera contado con más y mejores medios hubiera podido asentar su nombre de una manera más estable en las memorias de la gente que vivió la dictadura franquista, pese al silencio impuesto. No obstante había sido uno de los trabajadores de los estudios UFA en los años 1920, de donde han salido varios de los clásicos más renombrados del cine europeo. La recuperación física de las películas, su correcta conservación, los documentales realizados al respecto, en unión al trabajo realizado con el resto de largometrajes realizados por otros anarquistas de la época, son un camino correcto para volver a ubicarlo en su sitio dentro del cine español. Más aún, en 2011 los Premios Goya llegaron a nominar al documental El Cine libertario, de Almela y Vigil, lo que siempre sirve para el fomento cultural. La reedición del libro autobiográfico de Guerra es otro paso. Pero sin duda aún quedan muchas personas que no conocen este aspecto del cine que pudo ser y no fue, por lo que queda una labor amplia no sólo de difusión, sino probablemente también de cineforums y cineclubs, en definitiva: de proyección o de retransmisión de las obras referidas. No cambian la Historia que fue. El neorrealismo fue italiano. Pero sí cambia la perspectiva y las visiones actuales de una serie de tópicos que cuarenta años de dictadura han forjado con las censuras y los silencios. Estas películas además son un testimonio indirecto de otras formas de pensar alternativas a las de la cultura española más burguesa, oficial, tradicional o conservadora. Tampoco cambia la Historia del cine español, pero sí rellena y completa un aspecto de un cine que nos han negado que existiera, cuando en realidad sí existió.

A los amantes del cine les gustará descubrir estos metrajes si no los conoce, y, ya que hablamos de Armand Guerra, en concreto “Carne de fieras” y su escena de la jaula, quizá la más depurada de todo el metraje y probablemente, si fuera un metraje más conocido, una escena tan emblemática de nuestra filmografía como la escena donde Buñuel corta un ojo femenino con una navaja de afeitar en “Un perro andaluz” (1929). Conocer a Guerra puede ayudar además a superar la infravaloración que los españoles solemos hacer de nuestras capacidades, sobre todo en cine. Se trata de un personaje muy atractivo en todos y cada uno de los aspectos de su vida, de los que aún hoy se deduce que fue una persona lleno de vitalidad, una persona que le gustaba vivir y le gustaba vivir para construir.

Daniel L. Serrano, “Canichu”.
Alcalá de Henares, 3 de febrero de 2014.

Bibliografía

· Armand Guerra, A través de la metralla. Escenas vividas en los frentes y en la retaguardia, ed. La Malatesta, Madrid, 2005.
· Pierre Vilar, La guerra civil española, ed. Crítica, Barcelona, 1986.

Films de referencia

· Armand Guerra, Carne de fieras, 1936.
· Ezequiel Fernández, Requiem por un cineasta español, Zangra Productions, 1998
· José María Almela y Verónica Vigil, El cine libertario. Cuando las películas hacen Historia, 2010.
· VV.AA., CNT 1936-1939, archivo cinematográfico de la revolución española, 5 volúmenes de documentales y largometrajes, ed. CNT, 2010.

Recogido del blog Fraternidad Universal

Portafolio

Fotograma de Carne de Fieras Armand Guerra